Conquistadores

A un mega pársec del planeta rojo, después de salir del hiperestesio, Frax el quarkiano se desliza sobre sus ocho tentáculos hacia las cápsulas de hibernación. Introduce la clave y un leve siseo anuncia la descompresión de las cámaras. Uno a uno los tripulantes regresan de ese sueño pesado y húmedo. El nuevo mundo aparece frente a las pantallas del visor del puente de mando. Miles de años antes de que el hombre apareciera sobre el planeta azul, los quarkianos iniciaron su último viaje de conquista del universo. Dejaban atrás planetas recuperados, llenos de vida y adelante los atraía la esperanza de un nuevo comienzo, una nueva conquista.

Gruesas gotas de liquido viscoso escurren entre los pliegues de las “caras” de los tripulantes. Un terrestre, si aún quedara alguno sobre la superficie del tercer planeta, las vería como lágrimas de emoción, pero los quarkianos no lloran. Los pensamientos flotan a través de la atmósfera de cianuro de la nave e instantáneamente todos lo saben; el viaje milenario ha concluido. Todo está en silencio. El planeta se acerca lentamente como abriendo los brazos a los nuevos conquistadores. Hace tiempo que el ciclo de la humanidad se ha cerrado y ahora solo quedan las colonias dispersas en la galaxia. Lejos. Anárquicas. Salvajes.

La cápsula se vuelve cada vez mas sofocante. Hace ya semanas que no llega el transbordador y los suministros se han agotado. Por el sistema de comunicación se reciben ruidos como palabras sin sentido. —Si tan siquiera los inútiles de allá abajo me explicaran qué está pasando, pero no, claro, mientras esté Matías aquí arriba cuidando la frontera, no importa — piensa el terrestre haciéndose una mueca frente al espejo —. Han venido varios de ellos en el transcurso de los cinco años pasados desde que la humanidad por fin ha logrado acabar con todo vestigio de vida en el planeta. Pero ninguno ha pasado gracias a “los guardianes”. — Pero ¡¿qué estamos cuidado?¡ ¡¿y qué me importan a mi las fronteras si abajo no queda ni siquiera una cucaracha viva?¡—

Frax piensa y la nave obedece. Lentamente, se sumergen en las nubes radioactivas. Uno más, dice Frax.

Acurrucado en su cápsula unos cientos de metros mas lejos, Matías se dice “uno menos” mientras presiona el botón del disparador.

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