Los Desaparecidos

amanecer 1

Un Rabino preguntó cierta vez a sus discípulos:

¿cómo puedes saber si la noche ha terminado?

Podría ser  —preguntó uno —  ¿Cuando podemos distinguir un perro de una gallina?

No, ­ respondió el maestro.

­ –¿Es cuando podemos distinguir a lo lejos entre un árbol y una higuera? -preguntó otro

No – respondió de nuevo el maestro

-Entonces cuál es la respuesta, dijeron los discípulos (siempre con esa tendencia tan nuestra a darnos por vencidos sin pensar)

-Es cuando podamos darnos cuenta de que todo hombre y mujer en este mundo son nuestros hermanos y hermanas…» (Cuento jasídico. Anthony De Mello)

 

Todo esto, y la coyuntura eterna de mi país, actualizan el tema.  Después de casi medio siglo de “guerra interna”, la contabilidad de los muertos y desaparecidos alcanza fácilmente los 200,000 personas.  En 1995 se firmaron los Acuerdos de Paz entre el gobierno y la dirigencia guerrillera (lo mismo que decir entre los que menos importaban) dejando fuera el imprescindible proceso de RECONCILIACIÓN,  uno de cuyos mecanismos era la EL RECONOCIMIENTO,  EL PERDÓN Y LA REPARACIÓN.

Ahora, empezamos el año con una propuesta de ley para indultar a los militares y esbirros señalados y condenados muchos de violaciones a los DERECHOS DE LA HUMANIDAD. !NUNCA MÁS!

Lo anterior y una serie de recuerdos encadenados me hacen recuperar estas líneas.

-La prevención del olvido: las últimas palabras de Arturo Monterroso en un artículo de hace tiempo. Un comentario sobre la exposición Los Desaparecidos; fotos y documentos sobre los desaparecidos en la guerra sucia en Argentina.

-El estreno de la película chilena MASACRE EN EL ESTADIO en donde narran el final de la vida de VICTOR JARA.

-El cuento de Mario Benedetti, EL DIECINUEVE, en EL BUZON DEL TIEMPO.

….

Aquì con nosotros los desaparecidos no necesitan exposiciones porque somos un país tan pequeño y ellos fueron tantos que aún no han desaparecido, no tienen a donde ir. Y es más:  aún no quieren irse. Aparecen (ojalá) en los sueños de los torturadores y sus compinches, de abajo y de arriba. Dan vueltas en sentido contrario a las agujas del reloj en la plaza central a eso de las 2 y 30 de la mañana: si uno para la oreja pueden oírse sus pasos lentos y arrastrados como temerosos de despertarnos. También entran y salen de las oficinas publicas buscando sus identidades perdidas. Algunos no saben aún que pasó; así  de repentina fue su partida. Otros lloran porque todavía no se han dado cuenta que todo terminó para ellos y andan perdidos entre este mundo y el otro; el tiempo es un parámetro exclusivo de este plano.

 

Seguirán caminando en círculos sin poder entrar a Xibalbá mientras no sean honrados con el recuerdo y el resarcimiento de la memoria; con los entierros dignos y con las lágrimas retenidas pero eternas de aquellos que dejaron de este lado.

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