Especulaciones

autorretrato de un fotografo atrapado

…Infinitos los veo

Elementales ejecutores de un antiguo pacto

Multiplicar el mundo como el acto

Generativo, insomnes y fatales…

Jorge Luis Borges,  Los Espejos (fragmento)

 

Casi cualquier cosa pulida puede ser, para el caso, un espejo. Y los espejos espejean.

Soy un obsesivo paseador de centros comerciales. Me encanta ver a la gente trajinar de arriba a  abajo en estos templos de consumo; ver cómo les brillan los ojos de codicia y deseo y algunas veces de frustración.  Yo mismo me quedo inmóvil frente a las vitrinas viendo cosas que quisiera, deseando cosas que no necesito y echando de menos objetos que hasta hace unos instantes  no sabía que existían.  A veces me cruzo con personas interesantes: abuelos con sus nietos-aprendices de consumistas, madres agotadas de perseguir el complemento del gasto en alguna sombría oficina y que luego se agotan persiguiendo hijos en las interminables galerías, y de cuando en cuando alguna mujer interesante, distante, indiferente, inalcanzable.  Hasta ese día que encontré a Fabiola (nunca supe su nombre así que le escogí uno a su medida)

 

Juan Carlos vio a una atractiva mujer frente al escaparate de FLIX, absorta en las ofertas post-crisis. De inmediato le llamó la atención su forma de vestir ajipada y desparpajada.

-esta mujer es de las que vale la pena intentar conocer- se dijo con una sonrisa de esperanza.  Él era de esos hombres solitarios  y pseudointelectuales que se escudan en un libro para no arriesgarse a los repetidos noes.  De complexión típicamente latina: chaparrito, de cuerpo más bien rechoncho y pelo cortado a cepillo por aquello de la moda.  Se acercó lentamente al escaparate y, en vez de ver a la muchacha directamente (cosa impensable) se quedó viendo la imagen que reflejaba de ella el vidrio. Lo que vio lo dejó sin aliento: era la mujer más hermosa que había visto en su vida!…. O quizás no: había visto algunas en revistas de moda o en carteleras de cine.  Y una vez, en el espejo.

Tanta fue su impresión que se le aflojaron las piernas y un sudor frio empezó a escurrirse  sobre su frente. Ni siquiera volteó a ver a la mujer a su lado, tan absorto estaba en su reflejo.  Ella hacía rato que se había diluido en la corriente interminable de molcistas pero juan carlos se quedó casi cuarenta minutos  frente a la vidriera viendo la imagen que había dejado.

-No puedo dormir, no he comido en varios días ni he ido a trabajar- decía frente al espejo, sonriendo. -¿por qué solo te veo por instantes pasar frente a mí? A veces creo que me ves y sonríes pero de inmediato te desvaneces como una aparición.

 

“He pasado las últimas semanas  yendo y viniendo por el centro comercial viendo cada vitrina. Esperándola. Viéndola apenas por instantes. La última vez su imagen se detuvo fugazmente frente a mí. Parecía querer decirme algo y solamente le salía una sonrisa triste.  Ayer pasé por la tienda de espejos a la vuelta del apartamento y ¡Allí estaba! Detenida frente al espejo o mejor dicho dentro de él. Se arreglaba el cabello y estaba vestida con una falda amplia y suelta. Entré en la tienda tratando de parecer un comprador normal y esperé 20 minutos a que la gorda dependiente terminara de hablar por teléfono.  Con una voz más parecida a un chillido de desesperación le pregunté por el precio del espejo de cuerpo entero  de la vitrina.  Se me quedó viendo como si quisiera decirme que no podría pagarlo pero no le di gusto, lo compré sin regateos y me lo llevé a cuestas como un cristo en procesiones de semana santa.  En el camino de tres cuadras hacia mi apartamento, aparte de sudar a chorros, recordé aquella vez que por error entré en el baño de mujeres del instituto.

 

Frente al espejo y como salida de un cuento de hadas estaba Fabiola, la patoja nueva de la clase, peinándose.  Ella me vio en el reflejo del espejo y se quedó quieta con cara de asustada.  No sé quién estaba más asustado pero nos quedamos viendo por lo que me pareció todo el recreo.  Al fin pude hablar y le dije torpemente –Disculpa, me equivoqué de baño- y ella con una sonrisa entre tímida y descarada me dijo –Mucho gusto me llamo Fabiola. Soy la nueva.  La perseguí  con la vista durante todo el recreo y luego a la salida. De lejos la veía sola caminando con la cabeza agachada y sosteniendo sus libros.

-Mañana le hablo, me dije durante todo el tiempo que duró la peregrinación. Al día siguiente Fabiola no apareció en clase. Ni al día siguiente. A la semana me atreví a preguntarle por ella a la maestra y me informó que se había enfermado y que la familia la había llevado a un hospital en el extranjero y que posiblemente no iba a regresar.

En mi mente la escena del baño se quedó fija como una fotografía pro mucho tiempo.  No volví a verla hasta ese día, siete años después, cuando nos cruzamos en el corredor de la facultad y de inmediato, inexplicablemente, nos reconocimos. Entre cafés y panes del canasto de doña Tencha pasó el semestre y empezamos a salir. Un año después nos casamos, ingenuamente creyendo que todo saldría bien. Y salió, por un tiempo, hasta que ella enfermó de nuevo y tuve que llevarla al hospital.  Nunca salió viva de nuevo.

Desde entonces me quedó la costumbre de vagar por lo centros comerciales.

Juan Carlos llegó a su apartamento empapado en sudor después de cargar el enorme espejo desde la tienda.  De inmediato lo colocó en su habitación y paso horas enteras frente a él, hablando con el reflejo de Fabiola.  Empezó a buscar información sobre espejos: su construcción, sus características y su historia.  Al fin encontró algo menos técnico y más esotérica sobre toda clase de teorías de los mundos paralelos que existen detrás de los espejos.  Lo primero que leyó fue Alicia Tras El Espejo, pero donde definitivamente encontró lo que buscaba fue en un  libro titulado El Libro Mágico de los Espejos.  Había allí fórmulas y las más disparatadas formas de “acceder al mundo especular”.  Probó todo desde la concentración, la proyección y los sueños, pero nada parecía funcionar.

Incluso estuvo a punto de romperlo aun sabiendo que era infantil abrir la puerta del espejo, rompiéndolo.  Una noche antes de acostarse se puso frente al espejo y, por fin, sintió algo que lo jala desde el otro lado, sintió mareos y una sensación de caída.  Al día siguiente la persona de la limpieza solo encontró la ropa frente al espejo y después de un mes el dueño del apartamento avisó a la policía sobre la desaparición del joven; se llevaron sus cosas a una bodega esperando encontrar a alguien que las reclamara pero nunca más se supo de él.

 

especulación

 

 

2 comentarios sobre “Especulaciones

  1. Es delicioso leer algo así en medio de la realidad que a veces nos atosiga. Necesitamos más espejos que nos abran escenarios paralelos o recuerdos que debieron ser. Lo dijo Cortazar en Satarsa: Adán y raza, azar y nada… espejos.

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