Autismo e inclusión escolar, parte I: Experiencia de un Profesional y Maestro

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Este artículo fue originalmente solicitado y publicado en el blog y página web A LO ASPERGIANO. Lo reproduzco aquí con su autorización.

El tema de la Educación Inclusiva, principalmente referido a la integración/inclusión de niños con alguna condición de discapacidad cognitiva en la escuela regular es un tema «de moda» y que motiva muchas discusiones en ámbitos especializados y en foros de padres de familia y maestros.  No es un tema sencillo de abordar y mucho menos de llevar a la práctica. En Guatemala el proceso de «educación inclusiva» se oficializa en 2007 con la creación de la Dirección General de Educación Especial aunque ya habían antecedentes legales desde la propia constitución política. Y en la práctica se venía haciendo en el sistema educativo desde «tiempos sin principio»; la oficialización fue, paradójicamente, una barrera más para su construcción. Hay experiencias aisladas en entornos educativos muy particulares tanto en el ámbito de la educación pública como privada, principalmente en centros de educación especial.

Lo que describo aquí es la experiencia en uno de esos centros de educación especial que fue con los años convirtiéndose en una ESCUELA INCLUSIVA y en donde se formaron muchos de los profesionales jóvenes que en este momento pueden hacer la diferencia en la construcción de un verdadero proceso de EDUCACIÓN INCLUSIVA.

¿Quién soy yo? … Un maestro en proceso de construcción.

En mi perfil de Facebook dice que yo estudié psicopedagogía en el Centro de Educación Especial Alida España. Y efectivamente así fue. Una especialización que en ese entonces no se servía en las universidades locales.

Tuve la suerte de aprender con los mejores maestros: profesionales comprometidos y entusiastas y principalmente lo que yo llamo alumnos/maestros.

Me inicié en el campo de la Educación Especial de manera muy incidental en 1977 trabajando en una institución estatal que atendía niños con diversas condiciones de discapacidad.

Originalmente yo no era maestro graduado sino bachiller y luego estudiante de psicología clínica. Entonces estudiaba segundo año de psicología y no sabía nada de nada, y menos de pedagogía y nada de educación especial.

Esa falta de experiencia me permitió expandirme y explorar posibilidades y así fue como me puse en contacto con el Análisis Conductual Aplicado (enfoque que utilizaban en México en la UNAM y sobre el cuál hay un par de manuales orientados a la educación muy buenos y que recomiendo en las referencias bibliográficas).

Aunque el pensum de estudios de la universidad no incluía temas específicos sobre discapacidad, sí contenía un abanico de temas de formación humanística: Antropología, filosofía, literatura, idioma español y otros científicos como introducción a la genética,  neuroanatomía, estadística, diagnóstico y psicopatología.

Estas bases y lo que aprendí en 8 años en el Centro de Educación Especial fueron el fundamento de mi desarrollo profesional.

Mis primeros MAESTROS- ALUMNOS

Mi experiencia docente se inauguró en lo que se llamaba Grupo Adaptativo en donde teníamos 6 alumnos-maestros: Byron, un niño de 8 años en situación de abandono e institucionalizado, con algunas conductas autísticas.

Flor con una lesión cerebral severa y trastornos de la atención e hiperactividad;  Emilio con una secuela de epilepsia y daño neurológico severo;  Raúl , con un trastorno autista típico con mucha sobrecarga sensorial, Giovani, con lo que se llamaba entonces Cuadro Hiperkinético y hoy es TDAA,  y Nina, con un trastorno psicótico de la personalidad o lo que llamaríamos ahora un TGD.

Esos fueron mis maestros. Y dos maestras-alumnas sin especialización pero con un gran corazón y mística de trabajo.

Cada uno de los alumnos/maestros con una condición psicosocial y cognitiva diferente. Así que empecé por ver a cada uno de forma individual y personal. Eso definitivamente marcó mi desarrollo profesional en adelante.

Cada proyecto en el que me he involucrado desde entonces ha estado marcado por la personalización y un enfoque social-humanista.

Cada alumno/maestro, cada madre/padre y cada colega ha sido determinante en mi experiencia profesional.

¿Qué es la Inclusión?

“La integración se concibe como un proceso consistente en responder a la diversidad de necesidades de todos los alumnos y satisfacerlas mediante una mayor participación en el aprendizaje, las culturas y las comunidades, así como en reducir la exclusión dentro de la educación y a partir de ella (Booth, 1996).

Supone cambios y modificaciones en el contenido, los métodos, las estructuras y las estrategias, con un enfoque común que abarque a todos los niños de la edad apropiada y la convicción de que incumbe al sistema oficial educar a todos los niños (UNESCO, 1994).

La educación integradora se ocupa de aportar respuestas pertinentes a toda la gama de necesidades educativas en contextos pedagógicos escolares y extra escolares.

Lejos de ser un tema marginal sobre cómo se puede integrar a algunos alumnos en la corriente educativa principal, es un método en el que se reflexiona sobre cómo transformar los sistemas educativos a fin de que respondan a la diversidad de los alumnos.

Su propósito es conseguir que los docentes y los alumnos asuman positivamente la diversidad y la consideren un enriquecimiento en el contexto educativo, en lugar de un problema.”

“UN DESAFÍO UNA VISIÓN”, UNESCO, 2003 (1)

“La educación inclusiva se asocia frecuentemente con la participación de los niños con discapacidad en la escuela común y de otros alumnos etiquetados “con necesidades educativas especiales”.

Sin embargo, esta acepción estaría más relacionada, según lo expresado anteriormente, con el concepto de integración educativa y no el de inclusión.

El concepto de educación inclusiva es más amplio que el de integración y parte de un supuesto distinto, porque está relacionado con la naturaleza misma de la educación regular y de la escuela común.

La educación inclusiva implica que todos los niños y niñas de una determinada comunidad aprendan juntos independientemente de sus condiciones personales, sociales o culturales, incluidos aquellos que presentan una discapacidad.

Se trata de un modelo de escuela en la que no existen “requisitos de entrada” ni mecanismos de selección o discriminación de ningún tipo, para hacer realmente efectivos los derechos a la educación, a la igualdad de oportunidades y a la participación….”

En la siguiente entrada se profundizará en las experiencias con alumnos con autismo y las estrategias que fueron utilizadas para solventar las dificultades que se presentan en una jornada.

 

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