La Caja Ubicua

caja-carton-51-cm-x-51-cm-x-51-cm-2

El otro día apareció la caja frente a mi oficina. Era como todas: con los números y leyendas incomprensibles que todas tienen. Yo, desconfiado como soy y más en este nuestro país tan proclive a la paranoia, la vi desde lejos sin atreverme a tocarla.

Poco a poco me fui acercando viéndola por todos lados. Como hacen los niños en el patio de recreo con un animal patas arriba. La empujé levemente con la punta del zapato. Nada. Parecía que algo había dentro pero no muy pesado porque la caja se movió un poco. Al fin después de dar vueltas y vueltas en torno a ella me fijé mejor en las tapas: traslapadas y sin cinta de ningún tipo.

Yo que la abro y asoma de su interior un envoltorio plástico de color blanco. Y sí, hay algo dentro; a simple vista parece jabón en polvo aunque más fino y parejo (todo el mundo sabe que el jabón en polvo es escamoso y un poco irregular). Me fijo más y ahora me parece azúcar refinada o talcos de esos que se echa uno en los pies para refrescarlos. Claro que lo primero que me viene a la mente no es el azúcar o los talcos sino ese polvo blanco con nombre de bebida; sí, ese por el que dicen se matan a cada rato, unos trabajando, otros robando y otros de verdad. Pero también podría ser cualquier cosa ¡qué maña esa mía de estar imaginando siempre lo más tremendo! En fin; la cosa es que apresuradamente la cierro, abro la puerta de la oficina (a estas alturas aún cerrada, me doy cuenta) y empujo la Caja hacia adentro con el pie; ella dócilmente entra y cierro la puerta tras de mí.

Me entra una angustia rara, como expectante. Una angustia que está esperando hacerse más grande conforme vaya pasando el tiempo y la Caja siga aquí. Empiezo a pensar en qué haré con ella. ¿La llevo a mi casa? No, los patojos la abrirán de inmediato pensando que es un regalo. ¿La meto al carro? No. ¿y si me para la PMT? ¿Voy a tirarla a un barranco? ¿Y si me ven y me preguntan qué hay dentro? (ahora con tanto problema de tanto muerto que aparece por allí por culpa de la c…del polvo blanco!!!) ¿ Y si… los que la dejaron aquí se equivocaron y vienen a buscarla?

La incertidumbre se hace tan material que casi siento su rugosa textura, tanto como la de la caja. Abro la puerta y hecho un vistazo. Nada. Nadie. ¿Y si están en el elevador? Pero si no hay…! ¿En las gradas talvez? Me asomo a la escalera y no se oye nada…

Paso la mañana sentado frente a La caja pensando e imaginando formas seguras de hacerla desaparecer. No aparece ningún traficante buscándola ni tampoco ninguna solución que me haga sentir seguro.

¿La regalo? ¡Qué barbaridad! ¡Cómo se te ocurre! Eso es pasarle el problema a otro. Bueno ¿y qué? Igual me pasó a mí y ahora yo tengo que ver a quién se la endoso…

Pasan los días y La Caja va adquiriendo personalidad y de alguna forma inexplicable, vida propia. Recuerdo claramente haberla metido en el baño encima del estante en donde se guarda el trapeador y la cubeta. Cuando abro la oficina está cómodamente sentada (si es que se puede decir eso de una caja) en el sofá del recibidor. Ya irritado le advierto que no debería estar allí y la llevo al closet en donde están las cajas de papel para la impresora.

Al día siguiente La Caja aparece en el espacio de la ducha, en donde ahora se guardan las escobas y los palos de trapeador en desuso, esos que usamos para las piñatas de los patojos.

Mañana o ¿será hoy?, apareció justo encima de mi escritorio. Hasta los chunches típicos de un escritorio (abrecartas, perforador, engrapadora, bolsita de Tor-Trix) están por un lado y ella, muy serena, cabal en el centro. Exasperado ya por la ubicua caja decido deshacerme de La Caja de una vez por todas.

Yo regularmente salgo de la oficina a las cinco y los viernes a las cuatro porque tengo cita con los abogados del 2º en la esquina, en el comedor de doña Tancho. Hoy, como no es viernes, tendré que esperar por lo menos una hora a que el edificio se vacíe y oscurezca un poco.

Las 6:04 marca el reloj de la pared. “¡Ahora es cuándo!” me digo y busco a La Caja en su última ubicación, pero no la encuentro por ningún lado. Registro sus lugares preferidos, pero nada. La angustia aquella se mezcla con el alivio de pensar que talvez, por fin, hayan venido a recogerla. Por otro lado, ahora me doy cuenta ¡¿cómo es posible que una caja cambie de lugar sin intervención de la mano de alguien…?!

Han pasado varios días y La Caja se está convirtiendo en un recuerdo inquietante. No he vuelto a verla, pero me ha entrado una sensación como de pérdida, de extrañamiento, de añoranza pues. Espero encontrarla en cada vuelta de esquina aunque también confieso que siento cierto alivio al comprobar que no, que siempre no está.

Anoche soñé con La Caja. Yo estaba metido adentro con el polvo hasta la nariz. Mis pies apenas salían por debajo y me permitían ir de un lado a otro. En cualquier lugar que me quedaba, al rato, aparecía en otro.

La Caja no volvió a aparecer, pero he empezado a pensar que, con esa manía suya de cambiar de lugar, ahora haya decidido ubicarse en mis sueños.

Ayer la vi.

 

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s