El Sitio De Los 1000 Días

Sarajevo: la avenida de los francotiradores - Una breve historia

Foto: Chris Helgren/Corbis

“El Destino es un cazador paciente. Ciertas casualidades están escritas de antemano, como francotiradores agazapados con un ojo en el visor y un dedo en el gatillo, esperando el momento idóneo.” Arturo Pérez-Reverte, El Francotirador Paciente.

 

El 29 de febrero de 1996 terminó el sitio de Sarajevo que cobró la vida de aproximadamente 250,000 personas, la mayoría civiles.

Algunos vivimos medianamente conscientes ese drama histórico por los noticieros y los artículos de prensa de corresponsales de guerra que arriesgaron sus vidas compartiendo la realidad de hambre y miedo con los habitantes de Sarajevo.  Vimos cómo los habitantes de la ciudad corrían por las calles, y a veces caían muertos, cuando se arriesgaban a salir empujados por el hambre o la rebeldía.

El sitio de Sarajevo duró un poco más de 3 años y las imágenes de la gente corriendo por las calles en busca de comida y refugio están allí en los registros periodísticos de la época,  con la esperanza de que no se olviden y de que «el universo» no pierda la fe en la humanidad.

Ya han pasado 24 años, un suspiro en escala de tiempo universal y algunos aún lo recordamos.

Hoy, 16 de mayo de 2020, las escenas se repiten sin la destrucción física evidente, pero eso sí, a escala planetaria. Vimos, esta vez por medio de la omnipresente Red Virtual, a madres de niños con autismo salir a hurtadillas para dar un paseo y aliviar el encierro y la angustia de sus hijs, rebeldes negacionistas desafiando las ordenes y recomendaciones sanitarias,  adolescentes irreflexivos, habitantes de las calles buscando refugio para pasar el toque de queda, políticos desaprensivos exhibiendo su impunidad…

Escribiendo mis comentarios en las RR.SS. insisto en que para ésta crisis no hay precedentes ni referentes medianamente aproximados,  que es una crisis para la que nadie en este territorio con pretensiones de país tiene recetas y protocolos. Tampoco hay estrategia ni tácticas universales.  Que es una situación que solo algunas películas y novelas distópicas nos han mostrado, aunque muchas palidecen ante las realidades que el mensajero ha desatado: individualismo, codicia, oscuridades del alma que Camus adelanta en La Peste … Aunque también aparecen solidaridades …

Y de pronto …

En la mañana, en la llamada de buenos días, recordamos precisamente el cerco de Sarajevo y el drama de hace veintitantos años.  Y con el comentario de “… salimos a la calle en busca de comida como si hubieran francotiradores apostados en cada esquina …”  se me disparan en la mente las imágenes de Sarajevo 1995.

Mientras algunos gritan desde sus balcones virtuales “…no pasa nada, todo es mentira…salgan, vayan a la playa, hagan fiestas de contagio …” y otros vociferan “… si nos vamos a contagiar todos pues cuanto antes mejor …” muchos nos quedamos encerrados en nuestras casas por temor a escuchar un bang  y darnos cuenta quince días después de que el francotirador nos alcanzó. 

Escuchamos “…Quédate en tu casa, evita el contagio…lávate las manos…” como un argumento lógico (aunque muchos no lo entienden) para no saturar los precarios (y no tan precarios) sistemas sanitarios de los países.

Y en medio de los gritos, reclamos, comentarios más y menos afortunados y proclamas oficiales, una inundación de noticias falsas, teorías de conspiración y avalanchas de curas mágicas llena La Red de informaciones cruzadas que van de lo ridículo y lo jocoso e irresponsable hasta lo más o menos creíble.

La población, asustada, se refugia en sus casas, paralizada de miedo, confundida por las versiones de todos los colores sobre el ¿organismo? invisible causante de la pandemia.  Habituados a “la normalidad”*,  causante en buena parte del drama, hay personas desorientadas y estresadas que ven desaparecer con nostalgia,  poco a poco,  los recuerdos de una vida “despreocupada”, automática, de carreras, trabajo, individualismo y diversión inconsciente sazonada por la “sicología de la felicidad”.  Habituados a consumir de manera irrazonable, a destruir poco a poco el ecosistema del que no nos sentimos parte, explotando más que cultivando,  vemos nuestro largo sueño cultural reducido a 20 metros cuadrados, contactos virtuales por las Redes Sociales y ocasionales escapadas a salto de mata por las semi desiertas calles de las ciudades del mundo.  Escapadas con la sensación de que de un momento a otro escucharemos un bang por algún lado.

Otros, ante los mensajes gubernamentales de “…si no tienes nada que hacer en la calle quédate en tu casa…” transformados en «hashtags» postmodernos del tipo #QuédateEnCasa , se preguntaran ¿Cuál casa?  Y frente a  los mensajes de “… cuando salgas para abastecerte de comida usa mascarilla…” pensarán ¿Comprar con qué? …

En medio de este “sitio mundial “ en el que nos encontramos desde hace por lo menos 300 días nos preguntamos, revisando la cifra de contagios y de muertes crecer , ¿Hasta cuándo? ¿Alguna vez volveremos a “la normalidad”? ¿Las cosas volverán a ser como antes? ¿Estaremos seguros alguna vez?…

Y un cuervo, posado en los alambres del tendido eléctrico responde, NUNCA MÁS…

Mientras tanto, tras bambalinas, se escuchan voces discordantes y  que a veces suenan razonables,  anunciar: Complot, conspiración, caída del imperio,  fin del capitalismo, anarquía, fin de los tiempos, la economía es primero…

 

“El francotirador sigue allí, firme en su posición esperando desde su mira cualquier movimiento. Confiemos en que discrimine al que se mueve por necesidad y al que lo desafía con voluntaria insensatez. “ Galatea, 2020.

*

Jorge on Twitter: ""No podemos volver a la normalidad, porque el ...

«No queremos regresar a la normalidad porque la normalidad es el problema».

4 comentarios sobre “El Sitio De Los 1000 Días

  1. Hace un tiempo hablamos del mindfulness real que significaba ser consciente de cada cosa que hacíamos motivados por el miedo. Eso rompió nuestra normalidad. Hace un tiempo hablamos de normalidad y de no querer volver a ella, porque como dice la fotografía, ese fue el problema. Las analogías resultan ser útiles para hacernos conscientes y reconocer que la normalidad es un espejismo revelando nuestra apatía y ese «no es con nosotros». Yo hasta hace unas horas no tenía idea de que mientras andaba reconociendo el mundo, sin importarme lo que pasara a más allá de las tres cuadras a la redonda de mi casa, había gente corriendo y gente matando atrincherados a traición. Y todavía decimos… «cuando todo esto pase». De verdad? Queremos volver a esa indiferencia por el otro? Queremos volver a esa normalidad que nos mantiene insensibles a las necesidades del otro? Saldremos mejores de esto? Todo en pos de la normalidad que debería tener otro nombre. Gracias por la mención 🙂

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