Redes: Por qué ayudamos. Preguntas para despertar.

Y uniré las puntas de un mismo lazo,

Y me iré tranquila, me iré despacio,

Y te daré todo, y me darás algo,

Algo que me alivie un poco más.

Mercedes Sosa, Yo vengo a ofrecer mi corazón

El amor nos circunda. Los profesionales de la ayuda son,

en sentido muy real, gente que vende agua cerca del río.

La compasión fluye alrededor aunque se torne difícil canalizarla e irrigarla.

David Brandon, El zen en las profesiones de ayuda

O ser oprimido, o represor, o cooperar voluntariamente

para el mayor bien de todos.

No hay otra alternativa posible; y los anarquistas están naturalmente,

y no pueden no estarlo,

a favor de la cooperación deliberada y libre.

Enrico Malatesta

Sinónimos de ayudar: auxiliar, asistir, amparar, socorrer, apoyar, secundar, proteger, defender, reforzar, favorecer, fomentar, impulsar, colaborar, cooperar, coadyuvar, mediar, influir, contribuir, subvenir, subvencionar, patrocinar, paliar, remediar, sostener, costear, donar, aliviar, arrimar el hombro, echar una mano, tender la mano, echar un cable, echar un capote, ir a una, socorrer la plaza, (hacer el paro, hacer la campaña…).

A los pocos días de declararse la pandemia y decretarse el estado de emergencia en el país, un grupo de jóvenes propietarios de Rayuela, un pequeño local de comida ubicado a pocos pasos de la Casa Presidencial y el Palacio Nacional empezaron el proyecto Olla Comunitaria, bajo el lema de Comida para todos, en apoyo a las personas sin techo, distribuyendo tiempos de comida a numerosas personas.  Después de cinco meses de funcionar el proyecto habían distribuido 100 000 platos de comida.

En la esquina opuesta a mi casa, un refugio para indigentes dirigido por frailes de la orden de la Divina Providencia empezó a servir almuerzos. Todos los días hay una fila cada vez más larga de personas esperando lo que quizás sea su única comida durante el día.  Tienen, además, una paca de ropa y una pequeña tienda de productos a bajo costo.

En las notas de prensa aparecen fotos y testimonios de muestras de solidaridad entre pobladores de comunidades de áreas rurales del país: personas que donan su cosecha para quienes no pueden salir, ofertas de trabajo y muchas más ayudas invisibles.

En 1980 iniciamos con un grupo de colegas un proyecto educativo recuperando y actualizando el pensamiento de pedagogos como Freinet, Seguin, Freire y, sin querer y quizás de manera inconsciente, de uno de los humanistas más importantes de Centro América, Alberto Masferrer.  Este proyecto educativo alternativo orientado en principio a acompañar niños y familias con condiciones de discapacidad fue transformándose en el transcurso de los años en un modelo de ayuda mutua y promoción de la diversidad, en donde nos educamos alrededor de cinco mil personas a lo largo de 40 años.  Muchos de los aprendices del proyecto aprendimos lecciones invaluables sobre cómo vivir una buena vida. Muchos de ellos, jóvenes entonces, son ahora personas que marcan diferencias estén donde estén.

En 1980, Edgar S. Cahn inició un movimiento solidario que se ha transformado en un modelo de economía solidaria y que conocemos como Bancos de Tiempo. El BdT Guatemala está siendo organizado y promovido, en un ejercicio de construcción colectiva,  por mi amigo y colega Byron Ponce y sus convocados. 

En las redes sociales se comparten ejemplos similares alrededor del mundo. Y las pocas personas que me siguen en mi perfil de aquella red social (para tristeza y angustia del algoritmo…) comparten sus ideas al respecto en donde aparecen palabras como solidaridad, retribución, bienestar, deber, valor, satisfacción, generosidad y que pueden condensarse en dos pensamientos poderosos:

«Lo que hacemos por los demás y por el mundo permanece y es inmortal». Albert Pike

«En un mundo tan duro, tan cruel… ¿cómo ser otra cosa sino gentiles los unos con los otros?»

Altruismo: ¿Narcicismo sublimado?

Nietzsche, en su crítica a la moral occidental, plantea que el altruismo no es más que un intento de justifica la decadencia personal y «enfatiza que las acciones egoístas y altruistas poseen un origen común, el cual corresponde a una intención de afirmarse en la existencia, es decir un dominio de fuerzas que atraviesan a los seres humanos y median en sus relaciones», lo que Nietzsche llama instintos. 

La profeta del santoral neoliberal, Ayn Rand, malinterpretada o no, rechaza el altruismo como un valor moral útil copiando mal, a mi criterio, las ideas nietzscheanas.

Por otro lado el erudito y filósofo monje budista del siglo V, Shantideva,  dice: «Toda la dicha que hay en este mundo, toda, proviene de desear que los demás sean felices; y todo el sufrimiento que hay en este mundo, todo, proviene de desear ser feliz yo».  Frase y pensamiento relacionado con el concepto de compasión en toda la filosofía y psicología budista.

La llamada filosofía perenne promovida por Leibniz y popularizadas por Aldoux Huxley en su libro 1945, La filosofía perenne, que están relacionadas de alguna forma con el pensamiento religioso, el misticismo, la metafísica y el tradicionalismo, incluyen más o menos, y con otros términos, la idea del altruismo y la compasión como un valor y un camino de liberación e iluminación.

Los rudimentos de la filosofía perenne se pueden rastrear entre la tradición popular de pueblos primitivos, en todas las regiones del mundo y en sus formas completamente desarrolladas, las cuales han tenido su eco en cada una de las grandes religiones. (Aldous Huxley, La filosofía perenne).

Y luego en el blog Experiencia Freud leemos:

El primer imperativo ético nos exige transformar el placer maligno en compasión. A este proceso lo llamamos sublimación. No podemos negar que sea posible una sublimación de esta clase. Pero no debemos perder de vista un hecho: detrás de la compasión puede ocultarse la crueldad.

Muchas veces la compasión no es sublimación sino una mera represión. Si el individuo se entrega a la compasión sin conocer sus componentes sádicos, llegamos muy a menudo a desahogar nuestra crueldad en forma de compasión sobre un objeto extraño.

Pero, ¿puede haber más que una simple sublimación narcisista?

No es mi intención, puesto que no tengo ni el espacio ni el conocimiento suficiente, abarcar todo el pensamiento filosófico a favor o en contra del impulso humano por ayudar.  Incluso la Biología se ha dado a la tarea de estudiar el fenómeno de la ayuda mutua y el altruismo como instrumento de sobrevivencia. ¿Qué hay detrás? ¿Qué se esconde debajo de nuestra aparente solidaridad?  ¿Por qué ayudamos?

Al respecto recuerdo en una de tantas emergencias ocurridas en el país en los últimos diez años cuando fuimos con mis alumnos y compañeras de Kipling a apoyar en Conred, algunos de los patojos me preguntaban «Pedro, ¿para qué servirán estos vestidos de fiesta y zapatos de tacón?». Y tampoco encontrábamos en dónde clasificar trapos viejos y rotos entre el montón de «aportes».

 Basta con sembrar la duda y plantearse la pregunta honestamente.

La mejor forma de saber que necesito tu ayuda es insistir en ayudarte.

David Brandon,, El zen en las profesiones de ayuda

El lado oscuro de la compasión.

“…Bauman no duda de las motivaciones altruistas o solidarias que mueven a los compasivos profesionales, pero sí del papel que cumplen los programas de asistencia social, y con ello actualiza una célebre irreverencia de Sigmund Freud: la descalificación –como imposibilidad lógica y antropológica– del cristiano amor al prójimo que está en la base de la mayoría de las actividades “benevolistas” de nuestra época y que ha inspirado desde tiempo inmemorial la práctica de la caridad y los programas de reparación y atención sociales. Estemos o no de acuerdo con el pesimismo de Freud, se ha de reconocer que, en efecto, bajo la pantalla de la caridad y el amor al prójimo y la explícita voluntad de hacer el bien a los demás muchas veces se esconden propósitos egoístas o sectarios…(Letras Libres)

El concepto de compasión está presente en todo el pensamiento religioso, en la filosofía y en la psicología, aunque en el habla popular se asocie con lástima y victimización. El término se refiere al sentimiento asociado a la empatía y que la precede y que consiste en la capacidad de conmoverse por el sufrimiento de otra persona.  En un curso de resolución de conflictos dirigido por Juan Pablo Lederach al que asistí hace muchos años cuando trabajaba en K´iché* dieron la siguiente interpretación de compasión que a mí me parece afectivamente apropiada: Compartir la pasión del otro.

Sin embargo ¿hay un lado oscuro de la compasión?

Las enseñanzas religiosas y la escasa capacidad de la mayoría de personas de reflexionar y pensar críticamente permiten la tergiversación peligrosa y malsana de ideas originalmente propuestas para el bien común. Nuestra historia, nuestros traumas y vivencias desde el nacimiento con su carga cultural ideológica de acuerdo al contexto en donde nos hemos educado determina mucho de lo que hacemos y porqué: nuestros altruismos, nuestras muestras de solidaridad y actos de ayuda y apoyo pueden también estar imbuidas de prejuicios y de motivos ocultos e inconscientes.  El trabajo nuestro es descubrir lo que hay debajo de esa costra de “civilización”.  Si estamos suficientemente atents quizás podamos encontrar lo que nos mueve a acompañar o ayudar a otros.

Cuando el que ayuda resulta ayudado

Un aspecto interesante de las profesiones de ayuda (yo prefiero decir de acompañamiento), es el hecho de que se produce un intercambio de energía, de saberes, de conocimiento y se establece otro tipo de relación con el Otro. Hay una complicidad entre el que da y el que recibe y si pongo suficiente atención puedo darme cuenta de que muchas veces el que da recibe de vuelta mucho más.

Interdependencia es un concepto inherente a las cosmovisiones de los pueblos originarios de América y de Oriente y en pocas palabras plantea que todos los fenómenos, seres y objetos están en una relación de dependencia y que todo tiene que ver con todo. Que todo lo que pensamos, hacemos y decimos, importa porque produce efectos en el todo.

Recuperando el sentido

Sin caer en el folclorismo ni romantizando las cosmovisiones de los pueblos originarios podemos, sí, encontrar elementos valiosos que el racismo y el clasismo invisivilizado por la educación nos han hecho olvidar y ningunear. 

“En mi condición de representante de la comunidad hippie  de San Francisco, mantuve una reunión con los ancianos de la tribu india Hopi para organizar un encuentro Hopi-Hippie en el gran cañón. Nuestra intención era honrar su tradición y afirmar nuestro respeto común por la tierra. Como podrán imaginarse, este hecho tuvo lugar en la década de los sesenta.

En una casa de adobe, cuatro ancianos se sentaron en otras tantas sillas, ante una mesa de cocina.  Cuando llegué no había más asientos, por lo que decidí arrodillarme en el suelo frente a ellos.  Desde esa posición no solo podía verles por encima de la mesa sino también por debajo.

El más joven tenía sesenta y cinco años y el mayor ciento diez. Por debajo de la mesa podía ver sus manos sobre sus rodillas, parecían raíces en la tierra. En presencia de aquellos hombres se experimentaba una conexión absoluta.

Discutimos sobre lo que significaría unir estos diferentes grupos y generaciones de norteamericanos, y ellos me comentaron las dificultades que habían tenido con los hombres blancos. Poco tiempo atrás, uno de sus guerreros se había visto involucrado en un accidente automovilístico con un camión de la Oficina de Asuntos Indios (OAI), cuyo chofer era en realidad quién había cometido la infracción. Pero al día siguiente la OAI  encontró una botella de aguardiente en las cercanías y afirmó que el guerrero había estado bebiendo.

-Pedimos al joven que entrase y le preguntamos si había estado bebiendo, y su respuesta fue que no- me contó uno de los ancianos quien a continuación me miró a los ojos y me dijo directa y llanamente –Y decía la verdad.

En ese momento sentí un escalofrío, no solo porque le había creído y su mirada había borrado cualquier sombra de sospecha o duda de mi parte, sino porque experimenté una especie de recuerdo primordial de una época en la que solo se decía la verdad, una época en la que las relaciones se construían sobre la base de la confianza. Así se hacían las cosas porque así eran las personas.”  (¿Como puedo ayudar?, Ram Dass)

Cuando por cualquier circunstancia la vida lo conduce a uno por caminos diversos y senderos inexplorados, cuando rompemos nuestra burbuja de clase y nos adentramos en las múltiples realidades de nuestras comunidades fácilmente recordamos que siempre se puede vivir de otra manera.  Y empezamos a recordar cosas que de niños y jóvenes pensábamos sobre cómo debería ser el mundo.

“En la medida en que los países del Tercer Mundo se suben al carro del consumismo, nuestros sistemas educativos se convierten en una mala copia de la educación occidental,  en fábricas de ideas miopes, egocéntricas, a veces incluso robadas de nuestras propias tradiciones y sabiduría indígena.  Es preciso redescubrir formas de resistencia cultural e inspiración en nuestras propias tradiciones para resistir la destructiva  marcha del consumismo y el tecno capitalismo. Es necesario crear foros para gente local, a pesar de las amenazas de le globalización a nuestras culturas (originarias) e integridad económica. Necesitamos ofrecer una educación de base espiritual, ecológicamente sólida, holística, para incrementar la confianza en nuestro patrimonio y encontrar fórmulas para resistir la violencia estructural.” (4)

Puedo resumir mi respuesta al interrogante con este pensamiento: Toda acción de ayuda o acompañamiento que esté teñida por el apego, la ira o la ignorancia es fútil.

* No estoy seguro de que haya sido JP Lederach, quizás es un falso recuerdo pero si fue en una congregación Menonita.

La ficción, la fantasía, necesita de la vida.“ Michael Ende

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Fotografía principal, Caldo de piedra, tradición prehispánica en Oaxaca, México, tomada de Ecologiteca (http://ecologiteca.com/).

En esta ocasión el cuento no es mío, sino de la tradición popular. Este cuento ha aparecido en diversas versiones y en diversos pueblos. La misma Wikipedia se inspira en el tema del cuento.

La piedra de sopa (cuento tradicional checo, La sopa de piedra, en otras versiones es un clavo, pero existen otras versiones, adaptaciones y usos. Versión de Anthony De Mello, La oración de la rana)

En un pequeño pueblo, una mujer se llevó una gran sorpresa al ver que había llamado a su puerta un extraño, correctamente vestido, que le  pedía algo de comer.

– Lo siento, dijo ella, pero ahora mismo no tengo nada en casa.

– No se preocupe, le dijo amablemente el extraño, tengo una piedra de sopa en mi cartera; si usted me permitiera echarla en un puchero de agua hirviendo, yo haría la más exquisita sopa del mundo. Un puchero muy grande por favor.

A la mujer le picó la curiosidad, puso el puchero al fuego y fue a  contar el secreto de la piedra a sus vecinas. Cuando el agua rompió a hervir, todo el vecindario se había reunido allí para ver aquel extraño y su piedra de sopa. El extraño dejó caerla  piedra en el agua, luego probó una cucharada con verdadera delectación y exclamó:

– ¡Deliciosa! Lo único que necesita es unas cuantas patatas.

– Yo tengo patatas en mi cocina, gritó una mujer.

Y en pocos minutos  estaba de regreso con una gran fuente de patatas peladas que fueron derechas al puchero. El extraño volvió a probar el brebaje:

– ¡Excelente! -dijo; y añadió pensativamente- Si tuviéramos un poco de carne, haríamos un cocido de lo más apetitoso.

Otra ama de casa salió zumbando y regresó con un pedazo de carne que el extraño, tras aceptarlo cortésmente, introdujo en el puchero. Cuando volvió a probar el caldo, puso los ojos  en blanco y dijo:

– ¡Ah, qué sabroso! Si tuviéramos unas cuantas verduras, sería perfecto, absolutamente perfecto…

Una de las vecinas fue corriendo hasta su casa y volvió con una cesta llena de cebollas y zanahorias. Después de introducir las verduras en el puchero, el extraño probó nuevamente el guiso y, con tono autoritario dijo:

– La sal

–  Aquí la tiene, le dijo la dueña de casa.

A continuación dio otra orden:

– Platos para todos.

La gente se apresuró  a ir a  sus casas en busca de platos. Algunos  regresaron trayendo incluso pan y frutas.

Luego se sentaron  todos a disfrutas de la espléndida  comida, mientras el extraño repartía abundantes raciones de su increíble sopa. Todos se sentían  extrañamente felices mientras reían, charlaban y compartían, por primera vez, su comida. En medio del alborozo, el extraño se escabulló, silenciosamente, dejando tras de sí la milagrosa piedra de sopa, que ellos podían usar siempre que quisieran hacer la más deliciosa sopa del mundo.

Cuando la tripulación y el capitán están cordialmente compenetrados,

es preciso un temporal y más que un temporal para lanzar la nave a tierra. Rudyard Kipling

Nota didáctica: la única forma en que podremos promover los cambios necesarios en nuestra sociedad y construir ciudadanía es valorizar y propiciar espacios de convivencia y colaboración en la escuela, el trabajo colaborativo y el pensamiento crítico.

Un comentario sobre “Redes: Por qué ayudamos. Preguntas para despertar.

  1. Me encantó la historia Pedro, la sopa de piedra es una síntesis hermosa del verdadero concepto de ayudar: la colectividad solidaria. Qué busca la comunidad? beneficio propio: «yo quiero que la sopa quede rica y tengo algo para aportar». «me siento parte del grupo» Pero la base de ayudar es el sacrificio, yo me desprendo de algo mío, lo doy, por otro motivo: Deseo, libre albedrío, que creo es lo que diferencia la verdadera ayuda de lo que mencionas en el artículo: compasivos profesionales, funcionando en los programas de asistencia social. Abordaste magistralmente un tema que se antoja para un libro.

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