CREER O DEJAR DE CREER DEPENDE DE DÓNDE ESTÉS

Colonia De Marte Fotos e Imágenes de stock - Alamy

(Cuentos para dormir a los niños. Enciclopedia Sistémica, tomo 1352. Estos cuentos fueron recopilados por el exobiólogo P.R. Arenal a lo largo de todo el sistema solar y tienen como objetivo dar lecciones de supervivencia en los programas de entrenamiento de viajeros interplanetarios)

HERMINIO Scott bajó del destartalado transporte con su maleta a cuestas. En estos transportes comerciales no había banda para equipaje y los robots conserjes brillaban por su ausencia.

Su llegada a puerto marte siempre le producía cierto desasosiego. Las historias que contaban sobre fantasmas lo ponían nervioso y , aunque era un descreído, también era de los que pensaban que cree y dejar de creer depende de donde estés.

Era ya pasada la hora del atardecer marciano que en la vieja estación orbital se ajustaban a la hora terrestre para comodidad de los viajeros interplanetarios.  Puerto Marte era una de las primeras estaciones espaciales aún en operación y semi abandonadas luego de la Gran Migración terrestre hacia el planeta rojo a finales del siglo anterior.  Llevaba ya varias décadas siendo solo una estación de paso para los grandes transbordadores tierra-marte y era utilizada como bodegas, estación de suministros para veleros solares, refugio más o menos clandestinos para piratas y contrabandistas y agentes viajeros encargados de la mercadería que se amontonaba en cualquier rincón.

Herminio se acercó al puesto de información presionó el grasiento botón que decía HOSPEDAJES. El aparado, de un modelo viejo y desvencijado era tardado y ruidoso; enormes BITES, las famosas cucarachas marcianas cruce de las originales terrestres, de un palmo de largo y agresivas como hormigas, pululaban entre ls cajas. –Ciertamente esto es un desastre, no se porque me ocupo y de estos antros, digo con voz cansada.

La anticuada máquina le asigno el nada prometedor HOSTAL SPECTRA Y se dirigió a los tubos neumáticos que conectaban los nodos de distribución de la estación.  Arrastrando su pesada maleta de componentes  y repuestos para veleros solares, se encaminó hacia los agujeros negros que tenía delante.

-Extraño las cintas transportadores de Luna, se decía mientras se dirigía a los tubos transportadores. –Estos viejos agujeros, succionadores les decían en tono burlón, dan algo de miedo, pensó Herminio.  En el transbordador durante las tres semanas de viaje de puerto luna a puerto marte  le habían contado historias de viajeros que, desorientados, se habían perdido en los tubos y nunca llegaron a su destino.  Incluso le contaron que muchos de ellos aún vagaban por los corredores abandonados de la vieja estación. Se imaginó dedos fríos rozándole en la oscuridad y un escalofrió le recorrió la espalda.

Después de unos minutos viajando con los ojos cerrados por los tubos transportadores. –Estos viejos agujeros negros dan algo de miedo- pensó Hermino. En el transbordador durante las tres semanas de viaje de Puerto Luna a Puerto Marte le habían contado historias de viajeros que, desorientados,  se habían perdido en los tubos y nunca llegaron a su destino. La mujer horrible frente a él Incluso le contó que estos viajeros perdidos aún vagaban por los corredores. Se imaginó dedos fríos rozándole en la oscuridad y un escalofrío le recorrió la espalda.

Después de unos minutos viajando con los ojos cerrados por los tubos, llegó al HOSTAL SPECTRA un ruinoso local que más parecía un hangar de deslizadores. Apareció frente a él iluminado con un tenue resplandor de butano agonizante. Puso la mano en el identificador –seguramente no funciona desde la fundación de puerto marte- dijo pesimista, pero para su sorpresa un robot de modelo reciente le miró fijo desde el monitor

-Que desea mi estimado viajero? –pregunta la voz sintetizada y mecánica

– una habitación para pasar la noche en este antro moribundo- respondió Herminio intentando hacerse el gracioso pero con un dejo de superioridad típica de los terranos…

-Ha llegado al lugar indicado-le respondió el robot ujier y habría jurado que había un tono de voz algo sarcástico –El sistema nos avisó que venía, mi estimado señor.

Herminio se sorprendió por la respuesta del armatoste mecánico. Reconocía el lenguaje de los robots mayordomo y le recordó su tiempo pasado en Puerto Luna, con sus casinos y sus salas de placer.

De pronto se abrió la puerta y el inmenso y negro robot mayordomo lo miró de piez a cabeza.

-Necesito una habitación con ducha y algo de comer-dijo algo amilanado viendo hacia arriba.

-Todas nuestras habitaciones tienen procesador de alimentos. La ducha es compartida con otra habitación pero no tiene de qué preocuparse el señor, ahora no hay nadie en el hostal- respondió solícito el robot.

Después de una espléndida e inesperada cena procesada que él mismo se preparó en el pequeño comedor-bar-cocina, se fue directo a la ducha, un minúsculo cubículo comparitido con la habitación vecina.  Cerró la puerta y comprobó que estuviera cerrada también la otra entrada; no quería interrupciones molestas.  Se desnudó rpaidamente y accionó el mando para agua caliente.  Para su sorpresa la presión era tan buena como en los antros de Puerto Luna.

-Mmm, solo falta buena compañía- pensó divertido. –Quizás pueda llamar a un servicio de acompañantes más tarde- y con ese pensamiento rondándole en la mente se metió bajo el chorro de agua pulverizada de la ducha.

All rato sintió una corriente de aire y rápidamente se volteó imaginando la temida interrupción desde la cabina contigua pero entre el vapor de agua distinguió una silueta insinuante y bien formada de una mujer desnuda.  De inmediato recordó sus vagos deseos y esperanzado saludó.

-Señorita, pase adelante, será un placer compartir la brisa con usted.-

Nadie respondió.

Abrió la puerta de plexi pero no vió a nadie y de inmediato un escalofrío premonitorio recorrió su espalda. Comprobó que las puertas seguían cerradas tal y como las había dejado.  En el suelo de plástico mojado por el vapor había huellas de pies pero nada más.  De inmediato recordó las absurdas pero inquietantes historias que le habían contado y se dispuso a terminar a toda prisa su baño.

Cuando estiró la mano para cerrar el paso de agua sintió algo ligoso y húmedo que se escurría por su mano y soltó un grito.

Una masa verde traslúcida cayó al suelo con un plof apagado.

-¡Es un Morfo!- exclamó asustado, reconociendo a uno de los animales depredadores carnívoros más abundantes en Marte: una masa informe con capacidades de metamorfosearse según los pensamientos de la presa. En ese momento supo que nunca más volvería a Puerto Luna, a sus casinos y salas de placer y casi le dio tiempo para entristecerse.

Moraleja: A donde fueres estudia primero la fauna local y ten cuidado con lo que piensas.

Un comentario sobre “CREER O DEJAR DE CREER DEPENDE DE DÓNDE ESTÉS

  1. Qué imaginación tan poderosa para crear un escrito así. La ciencia ficción no solo es escribir sobre mundos posibles sino hacerlos posibles en la mente del lector, en escenarios personales, películas exclusivas para cada quien. Muy buen relato que me encanta cada vez que lo leo.

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