El eterno retorno, Moebius y Samsara

Fotografía: Daniel Hernández Salazar https://danielhernandezsalazar.com/*

Son las lecciones de un pueblo sin memoria,

que se toma las calles, pero no lee historia.

Rebeca Lane

¡Al suelo hijos de la gran puta… esto es un asalto! Entreguen su dinero o se mueren…

Esto no es un lema del gobierno ni una arenga patriótica de alguno de los diputados de las legislaturas presente o pasada. Esto pasó en noviembre 1994, en un local de comida rápida a pocas horas de regresar a Guatemala,  unos días después de una despedida de amigos incidentales en el País Vasco, en donde caminamos de tasca en tasca y de cerveza en cerveza hasta las 4 de la mañana sin sentirnos vigilados, amenazados o señalados de terroristas y amenazas a la seguridad pública y al orden constitucional.

Unos meses después de regresar, empecé a trabajar en Quiché como psicólogo comunitario, apoyando los procesos de acompañamiento psicosocial en las comunidades. Allí se me completó la conciencia.

21 de noviembre de 2020.

Plaza de la Constitución, Ciudad de Guatemala.

Escenas que podrían confundirse con las del 2015. Una multitud que empieza a reunirse en la plaza: adultos, jóvenes, mujeres con niños, vendedores de banderas y camisetas de «la sele»… 3 p. m. y todo igual. Tranquilo. Patrullas estacionadas en los alrededores, cordón policial frente al Palacio. Carteles de repudio al descaro y cinismo de los de turno. Solo cuando leemos los nombres de los demandados nos damos cuenta de que, cinco años después y otro gobierno títere y ridículamente populista, las cosas siguen, contra todo pronóstico (este es el peor gobierno…), peor. Varias cuadras hacia el sur de la Plaza, los escuadrones de antimotines aguardan órdenes de intervenir y, de pronto, qué casualidad, aparentes manifestantes entran al edificio del Congreso y le prenden fuego a las cortinas. Y entonces confirmamos que no es 2015 sino 5 años después y peor. Tres meses después de las plazas llenas del 2015 «el pueblo» eligió al más ridículo de los candidatos: un comediante de cuarta ensoberbecido por el poder y la adulación de netcenters y «buenas gentes» de miwate.

Un par de vueltas más tarde se escuchan sirenas y veo contingentes de socorristas de la Cruz Roja correr hacia la sexta avenida. Mi cerebro reconoce el olor de los gases lacrimógenos de las protestas de los años 80 y me regreso de nuevo a las protestas populares de entonces, cuando la población era reprimida violentamente por las fuerzas policiales y miliares al servicio de las dictaduras de entonces. Y empiezo a sentir una familiar inquietud e ímpetu por sumarme a la multitud. El impulso de la juventud que ahora ya no lo es tanto.

Empiezan a aparecer reportes, videos y fotos de la represión policial a los manifestantes y la toma del incendio en el edificio del «honorable» Organismo Legislativo.  Las escenas y el lenguaje corporal me recuerdan de nuevo los fácilmente reconocibles infiltrados en las calles de los años 80, en la plaza de 2015 y de hoy, noviembre de 2020.

Algo se logró de hace 5 años para ahora. Algo se ha caminado; poco pero algo. Unos tres pasos hacia delante de hace cinco décadas para acá, pero también se ha retrocedido a veces cuatro a cinco pasos. Por cada paso que se retrocede, se retrasa aún más la construcción de un país con ciudadanos y el abandono de una finca con colonos y habitantes. Pero se avanza.  En la evolución natural de las cosas del mundo no existe la inamovilidad, aunque a veces nos lo parezca. Y aunque haya sectores de la sociedad que lo deseen.

¿Qué tenemos después de 4 años de un incipiente despertar ciudadano? Aunque le haya seguido un gobierno vergonzosamente ridículo que logró expulsar a la Cicig, quedó algo más de conciencia y de claridad en parte de la población. Los jóvenes universitarios empezaron a ver hacia atrás, a una historia silenciada por el sistema educativo y se organizaron. En la USAC recuperaron la Asociación de Estudiantes Universitarios y en otra universidad privada que dormía el sueño de los justos surgieron liderazgos, escritores y analistas. Se empezaron a fortalecer las organizaciones populares en la capital y en el «interior» del país. Esos son algunos pasos hacia adelante, pero en el otro lado del espectro, se fortaleció la cooptación del Estado por los de siempre con una Ley Electoral y de Partidos Políticos maquillada pero igualmente truculenta que permitió, de nuevo, la elección de otro advenedizo personaje «que se había preparado 16 años para ser presidente».

Y empezó la pandemia.

Noviembre, 2019: empiezan a circular noticias lejanas. En China aparece un brote de virus parecido al H1N1 y poco a  poco, gracias a la globalización de la información, empezamos a ver venir la ola virulenta de noticias, teorías de conspiración, informaciones cruzadas y noticias falsas. Y en medio del incipiente caos mediático, ya en febrero,  toma posesión el nuevo gobierno.  Diez meses después, en un rumbo de colisión inexorable, aparecemos en las plazas de nuevo, en medio de amenazas que creíamos superadas. El poder solamente se disfraza y se organiza de otra forma. Solo cambia caras y nombres.

Esto no va a ser como en el 2015. Apenas estamos retomando las plazas. Otros tres pasos adelante.

Que ahora no termine todo como hace 5 años. Que empecemos a construir ciudadanía y un país de verdad, y no mantener un paisaje lleno de habitantes embrutecidos por la ignorancia, la desinformación y el abuso del poder. De lo contrario no va a ser igual que 2015… Va a ser peor.

Nuestra realidad nacional parece una tira de Moebius, otras veces un Samsara permanente y otras la confirmación de El eterno retorno de lo mismo.

A fin de cuentas, tampoco era tan complicado: recortar la sanidad pública y el gasto del sistema educativo, abrirse al flujo internacional de capitales, dinamitar limitaciones locales en los sectores laboral y jurídico, mentir sobre el resultado y conseguir que los militares del país en cuestión aplastaran las protestas.

Richard Morgan, Leyes del Mercado, 2004  

La verdad no es realmente más extraña que la ficción, digan lo que digan. La mayoría de la veces uno sabe exactamente como van a salir las cosas.

Stephen King, Misery.

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Todo está conectado

Los sacos de arroz y frijol enviados para aliviar la hambruna y los efectos del huracán se estrellan contra el asfalto caliente.

Su contenido se desparrama ante la mirada impávida de los niños.

A doscientos kilómetros de allí, en su butaca de cuero del Congreso, Fernando y sus doscientos kilos,  con la mitad de un taco en la boca y la salsa manchándole la barba, se lleva la mano al pecho como queriendo acariciarse el corazón. Se le duerme el brazo y se le nubla la vista.

Cada costalazo es una punzada en el corazón.

«cuatro de cada diez niños menores de 5 años padecen desnutrición crónica» (Unicef).

Fotografía principal por Daniel Hernández-Salazar (https://danielhernandezsalazar.com/).

*Daniel Hernández-Salazar (Guatemala, 1956) (tomado de la página del autor

Mí interés por la fotografía inicio en la niñéz, para convirtirse en pasión cuando estudié arquitectura. Durante la guerra civil de Guatemala en los años 80’s, trabajé como reportero gráfico las agencias internacionales Agence France Presse, Reuters y Associated Press. Actualmente soy fotógrafo independiente, centrando mí interés en el retrato, el desnudo y la memoria histórica.

Nunca he abandonado la práctica de la fotografía analógica tradicional y de revelado en cuarto oscuro y soy uno de los únicos en Guatemala que aún practican y enseñan esta técnica. Al mismo tiempo domino las técnicas y equipos digitales.

Mí trabajo ha sido presentado en más de 30 exposiciones individuales y más de 40 colectivas en Norte, Centro y Sur América, Europa, Japón y Corea. Por mí labor artística en servicio de los Derechos Humanos, recibí en 1998 el Premio Humanitas Jonathan Mann de la Asociación Internacional de Médicos en el cuidado del SIDA, y fuí nombrado Caballero y Oficial de la Orden de las Artes y las Letras por el Gobierno francés en 2005 y 2017.

Mí obra ha sido publicada en dos antologías personales por la editorial Kage Shobo, (Tokio, 2006) y de la Universidad de Texas (Austin, 2007). Además mí trabajo ha sido presentado en publicaciones académicas, de arte y noticiosas incluyendo el Blog del New York Times LENS, y las Revistas Harper’s y 6 mois, entre otras. Desde 2012 Noviembre, mí obra está incluida en la colección permanente del Museo del Holocausto y Derechos Humanos Kazerne Dossin en Mechelen, Bélgica. Én septiembre de 2014, fuí nombrado curador y diseñador de mi exposición titulada Genocidio descartado, Guatemala una tragedia silenciada, presentada en ese museo, hasta hasta marzo 2015. Actualmente trabajo en mi proyecto fotográfico “se re(v)bela” el cual  presenté en febrero de 2016 en Guatemala, en 2017 en Quetzaltenango, y en 2018 en San Salvador.

Representado en Bélgica por la Galería Verbeeck-Van Dyck.

Un comentario sobre “El eterno retorno, Moebius y Samsara

  1. El retorno de lo mismo… la imposibilidad de ruptura, los roles impuestos y autoimpuestos que degeneran en esclavitud al sistema. Es increíble como la corrupción, la desidia y otros males de nuestra era se manifestaron impecables, si así se puede decir, ante el momento que vivimos ahora con las vacunas en circulación o mejor, en acaparación… acaparamiento para decirlo correcto. Todo está conectado…

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