El Museo de la Memoria y La Misión

(Fotografía anónima de un un muro en la provincia de Gualeguaychú en el sudeste de la provincia Entre Ríos de Argentina, la cual limita con Uruguay y comparten el río Uruguay, tomada de Taringa (https://www.taringa.net/+imagenes/las-paredes-hablan_i4q98/amp).

(Originalmente publicado en gAZeta.com )

Si comprender es imposible,

conocer es necesario,

porque lo sucedido no puede volver a suceder

Primo Levi

Dedicado a la memoria de todas las víctimas del Holocausto/Shoá,

de Guatemala y de cualquier idea que cause sufrimiento…

Imaginemos que con una tecnología de neuroestimulación pudiéramos hacer nuestros los recuerdos de otras personas. Imaginemos que esa tecnología pudiera adaptarse en cualquier lugar en donde los seres humanos hemos causado sufrimiento e injusticias, por ejemplo, en cualquier aldea de nuestro país en donde haya habido masacres durante la guerra interna. O en Vietnam, o en Hiroshima o Nagasaki,  o en Auschwitz-Berkenau… o en cualquier otro lugar de este planeta en donde se haya manifestado lo peor de nosotros como especie.  Esta idea no es mía, sino el tema de un episodio de la serie Star Trek Voyager, en donde los tripulantes de una de las naves insignia de la serie empiezan a revivir una masacre en la que creen haber participado directamente, produciéndoles los efectos de un síndrome de estrés postraumático.

Imaginemos ahora que visitantes de otros mundos vinieran dentro de quinientos o mil años y pudieran experimentar en carne propia esos sucesos. ¿Qué pensarían de nosotros como especie?

¿Qué pensarían nuestros hijos, nietos, bisnietos al visitar el Museo de la Memoria?

¿Y si también pudieran vivir la experiencia de Miguel Ángel, de Mozart o Bethoveen o Bach.  Las ilustraciones de Eccer, la poesía de Keats, la música de The Beatles, la pintura de Van Gogh,  las novelas de García Márquez, los poemas de Benedetti, las películas de Kurosawa…?

Hay un chiste que circula en las redes sobre la razón por la que los extraterrestres no nos visitan: porque no hay vida inteligente por acá.  Si llegaran las transmisiones de TV y los datos de las redes sociales hasta el otro lado de la galaxia y cayeran en manos de una civilización avanzada o mejor, de la última humanidad de Stapledon.  ¿Qué pensarían?

La historia de la humanidad ha estado repleta de guerras, violencia y desastres humanitarios causados en su mayoría por la acción o inacción de los seres humanos.  Pero hay episodios dignos de una película de terror como el genocidio de Rwanda,  la guerra de los Balcanes o los testimonios que aparecen en el tomo II del Informe de la Memoria Histórica Guatemala Nunca Más. Todo un espectro de atrocidades, desde caza deportiva y aniquilación de especies animales hasta el sumun de la crueldad fría, psicótica  y despiadada del Holocausto,  pensado, organizado y llevado a cabo por los nazis en los campos de exterminio como Auschwich-Birkenaw , en contra de casi dos millones de seres humanos (un millón cien mil), en su mayoría judíos (un millón), gitanos (veinte mil), personas con discapacidades, prisioneros de guerra y otros grupos (cien mil aproximadamente). En total durante el Holocausto murieron aproximadamente once millones de personas.

Hoy, 27 de enero, se cumplen 76 años de la liberación de Auschwitz, símbolo de lo peor que puede hacer el ser humano en aras de una ideología.  Y también este año estamos cumpliendo un año de la pandemia más documentada de toda la historia de la humanidad en la cual han muerto ya dos millones de personas.  ¿Será que hemos aprendido algo de estas dos lecciones? Porque hay miles más en el pasado y posiblemente otras tantas en el futuro.

Este intento de país, en este planeta con todos nosotros encima, con  brutalidades tan enormes, pequeñas y personales mezquindades pero con tantas  grandes cosas que podemos hacer para remediar lo desagradecidos que somos con nuestra preciada vida humana (como le llaman los budistas).

Y si fuera posible la tecnología de emisión de pulsos neurógenos para que cualquiera pudiera vivir en carne propia las experiencias de las víctimas de cualquiera de nuestras atrocidades como especie, ¿nos atreveríamos?

Las palabras no pueden transmitir el sufrimiento.

Las palabras no pueden evitar que este horror vuelva a repetirse.

Más allá de las palabras está la experiencia.

Más allá de la experiencia yace la verdad.

Hagan suya esta verdad.

El monumento, Star Trek Voyager, T6:E14

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Ya no quedan fuerzas para llorar,

el llanto continuo y permanente al final acaba en silencio.

Al principio gritas, después gimes, y,

por último, un suspiro infinito que ni siquiera tiene eco.

Chaim Kaplan (diario personal)

Misión

O vos, qui intratis, omni spe auferte (Oh,  tu que entras, abandona toda esperanza).

Era la inscripción arriba de una gran puerta de un tono tan oscuro que se sentía envolvente, invasivo, penetrante y de un material indefinido, frío al tacto.  Si se observa con cuidado, debajo de la inscripción principal también puede leerse: «Solo quien ha vivido con honor podrá traspasar el umbral con esperanza». 

La puerta se abre lentamente con un siseo apagado.

Dentro, en una atmósfera lúgubre, en pequeños cubículos iluminados apenas por lámparas de aceite, se observan figuras, siluetas, de seres, muchos de ellos humanoides aunque también otros seres con formas irreconocibles como si la naturaleza hubiera perdido la cordura en el momento de crearlos.  El opresivo silencio se interrumpe con exclamaciones de sorpresa pero principalmente de angustia y terror, y se escuchan sollozos apagados. Quise acercarme, empujado por la curiosidad, pero una especie de pared invisible me impedía avanzar y sentía una fuerza que me empujaba a seguir adelante. 

Recorrimos así largos corredores en penumbra en donde se repetían las mismas imágenes difuminadas por la iluminación. Al ver hacia adelante parecían pequeños fuegos de un campamento distribuidos en un gran valle oscuro.

En algún momento del recorrido recordé a un poeta romántico italiano que leí por encima en la escuela. 

Llegamos a lo que parecía una gran sala de conferencias con cómodas butacas distribuidas hasta donde la iluminación permitía percibir. 

El estimulador neural instalado en mi nuca emitió una pequeña vibración, de inmediato la oscuridad desapareció y me encontré en medio de un paraje selvático,  húmedo.  Una explosión ensordecedora y un golpe de calor me invade y de inmediato me veo encendido como una antorcha y un olor a combustible quemado que penetra mi cuerpo por todos los poros al tiempo que un dolor insoportable invade mi cuerpo: estoy envuelto en llamas y mi ropa está fundida en mi piel, el calor insoportable penetra en todos mis órganos y empiezo a sentir cómo algo empieza a crecer dentro de mí; algo que explotará en cualquier momento, terminando con la agonía del fuego. Todo ocurre en unos segundos.

Cuando estoy a punto de desmayarme, de pronto todo el escenario cambia. El dolor y las llamas desaparecen y me encuentro en una especie de bodega rodeado de gente desnuda y de rostros demacrados y sucios.  Oigo algunos llantos pero principalmente murmullos y palabras aisladas: comida, té, viaje.  El lugar sigue llenándose de gente hasta que no queda espacio y nuestros cuerpos están pegados unos a otros. Siento el olor y el calor de otros cuerpos.  Alguien me susurra al oído: tranquilo, todo pasará. Y al instante escucho un siseo sordo que viene de las paredes, percibo un olor acre, seco y mis pulmones se detienen como si hubieran desaparecido. Lucho por respirar pero me causa un dolor insoportable. Abro la boca para buscar aire y la boca se llena instantáneamente de llagas.  En medio de la agonía veo caer una tras otra a las personas que me acompañan… Negro.  Flotando en el vacío.

Aún con lágrimas en los ojos por la experiencia horripilante estoy en la fila con algunas de las personas que reconozco de la bodega. Todas con lágrimas en los ojos y visiblemente descompuestas.

Se abre la puerta, una ráfaga de aire fresco me golpea el rostro y seca mis lágrimas. 

– Usted ha participado en una experiencia inmersiva del Museo de la Memoria que recoge la historia de los habitantes del tercer planeta del sistema solar Epsilon IV.  Por los efectos traumáticos de la experiencia solamente ha participado en dos eventos: un bombardeo de napalm en la guerra de Vietnam y una cámara de exterminio en el campo de concentración de Auschwitz-Berkenau durante la Segunda Guerra Mundial.  Diríjase a su consejera asignada para la reunión de descarga.

Me quedan tres meses de entrenamiento para la misión al tercer planeta y cada vez me pregunto si vale la pena tanto recurso y tiempo que los operadores gastan en este proyecto.

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