Entre hacer el mate y la mano de mono (originalmente publicado en gAZeta.gt)

(Foto de archivo personal: mural en el Centro Histórico, Guatemala)

(o sobre cómo nos columpiamos, hablando pelado, pues, muchá )

Política:

1. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. 

2. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.

DRAE

Para saber más, por lo menos, «apache» aquí: Política

…Y es que la empatía y el amor eran inseparables e inexplicables. La IM de las máquinas nunca lo entenderían, ni siquiera para usarlos como señuelo para la parte de la IM humana que se había hartado de la guerra en el futuro distante. El amor, esa trivialidad, ese cliché de las motivaciones religiosas, tenía más poder que la fuerza nuclear fuerte, la fuerza nuclear débil, el electromagnetismo y la gravedad. El amor era esas otras fuerzas. El Vacío Que Vincula, la imposibilidad subcuántica que transmitía información de un fotón a otro, era nada más y nada menos que amor…. 

Dan Simmonds, Los Cantos de Hyperión.

Entre vacunas inexistentes,  contratos en inglés aunque no se sepa inglés, seiscientos millones de tuzas en el purgatorio, la indiferencia y hartazgo lánguido de una población de habitantes de un lugar cuyo nombre se hace con el tiempo más irreal e incoherente, así pasan los grandes ojos abiertos de la vida nacional (parafraseando a Benedetti).   Y aquí estamos entre haciendo el mate y la(s) mano(s) de mono.

En la jerga popular guatemalteca, la expresión hacer el mate no se refiere a la manera correcta de preparar la bebida nacional argentina y uruguaya, sino más bien al fingimiento de hacer algo o bien «burlarse de otra persona mediante la risa» y también a la expresión dar mate, propia del ajedrez. Ambas formas nos sirven para describir lo que viene pasando en este territorio desde hace por lo menos 500 años pero que en los últimos casi diez años se ha instaurado como forma de gobierno, complementada la expresión con la no menos significativa mano de mono.

La inveterada costumbre de hacer el mate es parte de nuestra cultura popular y de nuestra subjetividad como guatemaltecos: hacemos el mate de estudiar, hacemos el mate de escribir, hacemos el mate de amar, hacen el mate de gobernar, y así hasta abarcar todas las áreas del hacer, sentir y pensar.  Hacemos el mate de arreglar algo, pero la mayoría de las veces solo hacemos un chapuz (como la compra de vacunas por intermediarios).  Hacemos mano de mono desde cuando nos quedamos con el vuelto, hasta cuando se compran vacunas por intermediarios con tal de ganar comisiones… por ejemplo.

También hacemos el mate (y nos hacen el mate) cada cuatro años, cuando es convocada la población para la «fiesta cívica» de las elecciones.  Aunque, por lo menos doce meses antes, un mínimo de seis candidatos  y sus achichincles han estado haciendo el mate electoral convenciendo a la masa con patrañas (hablando pajas y diciendo babosadas), sobre sus bondades como futuros gobernantes y aprendiendo el arte de hacer mano de mono,en alusión  a la habilidad de los monos de utilizar las cuatro extremidades (o cinco si tienen cola… y ellos siempre la tienen) para agarrar lo que sea con una extremidad mientras están haciendo el mate con las otras.

Y así es como, entre haciendo el mate y usando la mano de mono  nos convertimos, este territorio y sus habitantes,  en una especie de barrio marginal macondiano en donde cualquier cosa increíble puede pasar pero al revés, porque todo puede ser un mate, hasta las mariposas amarillas de nuestro Melquíades de turno que, por supuesto, también  ejerce el arte de la mano de mono y es diestro en hacer el mate con la problemática local.

Al final, ¿por qué el epígrafe de apertura a este texto? Pues porque la solidaridad y el amor, ese vacío-espacio-que-vincula o espacio de Planck, como lo llama Simmons, sería en última instancia el único medio por el cual podríamos dejar de hacer el mate de ciudadanía y de usar la mano de mono como recursos en nuestra vida cotidiana y, quizás a largo plazo siendo optimistas, cambiar un poco nuestro barrio marginal macondiano en un verdadero país con ciudadanos.

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La política es el arte de buscar problemas,

encontrarlos, hacer un diagnóstico falso

y aplicar después los remedios equivocados.

Marx, Groucho Marx

Los dos políticos (Ambrose Bierce)

Dos políticos cambiaban ideas acerca de las recompensas por el servicio público.

–La recompensa que yo más deseo –dijo el primer político– es la gratitud de mis conciudadanos.

–Eso sería muy gratificante, sin duda –dijo el segundo político–, pero es una lástima que con el fin de obtenerla tenga uno que retirarse de la política.

Por un instante se miraron uno al otro, con inexpresable ternura; luego, el primer político murmuró:

–¡Que se haga la voluntad del Señor! Ya que no podemos esperar una recompensa, démonos por satisfechos con lo que tenemos.

Y sacando las manos por un momento del tesoro público, juraron darse por satisfechos.

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