Carta a la raza

Nací en la calle y me llevaron junto con mis hermanos a un centro de acogida que le llaman. No eramos huérfanos exactamente pero sí eramos habitantes de la calle según dicen.

En el momento de mi nacimiento, me cuentan, una luz muy brillante me dotó de la capacidad para entender cualquier lenguaje pero no para hablarlo.  Esto que escribo lo hago por medio de lo que llaman canalización. Ya más adelante hablaremos de eso.

Mis primeros años los pasé con mis hermanos en ese lugar que llamaban refugio en donde al menos teníamos techo y comida aunque no mucha amabilidad pero si bastante ruido.

Un día llegaron visitas y entre risas y expresiones de ternura me separaron de mis hermanos y me llevaron a vivir a otro lugar.  Una casa grande, antigua y luminosa. En ese entonces yo no entendía esos conceptos pero ya viendo hacia atrás pues, eso. Así era.  Además de mí como nueva residente también habían cinco habitantes más: dos bípedos y otros tres parecidos a mi  (claro, yo en ese entonces me movilizaba con las cuatro extremidades), pero mas pequeños. Pero me estoy adelantando.

La verdad es que tuve una infancia feliz; cuidada, bien alimentada y con mucho cariño. Mi padre y mis hermanos adoptivos aunque no viven con nosotros siempre han sido afectuosos y juguetones.  Pero realmente el verdadero objeto (o talvés debería decir el sujeto) de estas reflexiones es mi tío adoptivo aunque la cosa es algo confusa porque él es el hermano mayor de mi padre. Y en realidad para efecto prácticos viene siendo como mi hermano mayor. Yo sé que es algo confuso para ustedes, imagínense para mi.

A estas alturas de mi edad yo aún no entiendo muchas cosas de este mundo tan confuso. La mayor parte del tiempo la paso en casa jugando con los otros seres cuadrúpedos (he oído decir a mi padre que se llaman gatos), principalmente con uno al que llaman Gandalf aunque le dicen El Gris (otra cosa que es difícil de entender es el criterio que utilizan para poner nombres a las personas y otros seres. De donde yo vengo los nombres se asignan de acuerdo a la función que cada quien tiene en el grupo).  Y por supuesto comer, que es mi actividad preferida por lo menos en algunos momentos.  Juguetes tengo pocos y casi siempre están perdidos en algún rincón de la casa pero mi padre y mi tío-hermano se las ingenian para construir otros (que también se pierden).

Otra característica mía además de poder entender cualquier lenguaje  es mi sensibilidad a los sonidos fuertes y a los olores. Por lo general eso no me dá mayores problemas, al contrario, me sierve para detectar algunas señales ya que mi vista no es como quien dice 20/20 (esto no es mío, es una interpretación de mi canalizador).  Cierta vez hace unos días me despertó un estruendo espantoso y como en ese entonces dormía en la habitación de mi tío-hermano me caí de la cama y, en medio de la oscuridad, tuve que refugiarme en un rincón del puro susto.  

Como ya dije antes hay cosas que no entiendo de este lugar, por ejemplo esa costumbre de quemar pólvora por cada celebración que tienen. Ya me explicaron que es una tradición inextinguible (palabra que me tienen que explicar aún).  Por cierto hay muchas palabras que dicen y que yo no entiendo del todo pero por el contexto puedo hacerme una idea de su significado y el encargado de instuirme sobre eso es, adivinaron, mi hermano-tío.  Es bastante paciente aunque a veces se pasa de explicativo. Por ejemplo hace unos días me decía que tenía que ir al banco (es el lugar en donde guardan lo que llaman dinero y que sirve para intercambiar por cosas como comida y otras inservibles). Pues les decía que me explicaba sobre que tenía que ir al banco y a la tienda pero su lenguaje corporal era, digamos, incongruente (otra palabra de esas).  Hablaba y señalaba la ropa con la que se estaba vistiendo (ya sé que hay cosas que ustedes tampoco entenderán pero, pues, pegunten que trataré de explicarles en otra carta).

Otro de las capacidades que me imagino me gané por esa luz blanca que les conté arriba es la de ver cosas que los demás no pueden ver.  El otro día estaba yo intentando sacar uno de los juguetes que se pierden y de pronto escuché un ruido que me llamó la atención. En el corredor había una sombra que caminaba hacia mí. Era alguien que yo no conocía personalmente pero había visto en una de las imágenes que ellos llaman fotografías (algo así como una imagen pequeña en donde aparecen objetos y personas pero de tamaño mucho menor y que no se mueven).  Pues cuando la sombra se acercó pude distinguirla mejor. Estaba sonriendo y me llamaba por mi nombre aunque no pude escuchar su voz.  Por supuesto le respondí y la saludé como acostumbro y era tal el escándalo que mi papá se asomó por la puerta y preguntó qué estaba pasando. Mi tío-hermano también salió de lo que él llama su cueva y preguntó lo mismo.  Aparentemente ellos no pudieron ver a esa persona y allí fue cuando me dí cuenta de que yo puedo ver cosas que otros no ven.

Pues bueno, ya les contaré algunas otras cosas. Ahora me despido pues es hora de comer y de dormir un rato.

Saludos por allá a todos los de la raza.

p.s. Aqui les dejo una foto para el album familiar

Yo y mi canalizador.

Un comentario sobre “Carta a la raza

  1. Pues tiene una interpretación del mundo en lenguaje concreto y eso la hace más coherente que cualquier transeúnte de los de esta generación. Me imaginé cada escena como si estuviera allí, como si pudiera escucharla respirar en mi oreja. 😉

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