De salmones…

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Dibujo de Agnódice de Atenas.

Lo siguiente es una reflexión en un grupo transdisciplinario de FB relacionado con TEA y Asperger (yo sigo usando el término por solidaridad y salmonismo).

La pregunta generadora fue: ¿porqué esa actitud de «desprecio» hacia los profesionales y en general hacia toda autoridad?

Creo que el antiprofesionalismo es parte del fenómeno postmoderno de perdida de confianza en «las cosas como son» de lo que da fe principalmente la política. Lo que antes era «fe ciega» en la autoridad del medico-maestro-jefe-ministro-sacerdote ahora se ha ido al otro extremo (el fenómeno del péndulo en la historia). Mucho es responsable de esto lo que Gugenbhul llama La SOMBRA DEL TERAPEUTA/MEDICO que el llama «el curandero». Los movimientos descolonizadores son parte de este fenómeno. Aparte los profesionales hemos debido aprender a ser mas humildes y horizontalizar nuestra relación con EL OTRO, a trabajar en equipo (cosa que el objetivismo randiano no entiende ni procura…). Recuerdo que antes antes, hace 40 años, nadie se atrevía a cuestionar al medico o siquiera preguntarle sus dudas, ni al maestro. Para cuestionar tenemos que conocer y aprender a razonar con propiedad;  yese esta siendo el gran problema y a lo que se refería Umberto Eco cuando decía aquello de las redes sociales y ls imbéciles…
En nuestro caso creo que pasa lo que pasa porque estamos aprendiendo y no solo teoría sino nuevas habilidades comunicacionales…y claro habrán desencuentros pero es lo rico de este laboratorio…En donde hay lazos de afecto es mas fácil disculpar una torpeza o evitar un encontronazo…..»

Aquí termina mi reflexión. Y a continuación comparto un escrito de una amiga, salmona también, Agnódice de Atenas (como su homónima histórica, rompedora de esquemas). También pensando en el trío de personas admirables a quien acompañé recientemente en un foro sobre INCLUSIÓN DE PERSONAS CON ASPERGER: Alba, Karin y Abel.

«Me dijeron no publique porque muchas personas leen y están pendientes (qué bueno ¿no? ese es el leitmotiv de escribir). En efecto, ya ni escribo, se me han quitado las ganas. Y es tanto así que ni estados del WhatsApp a los que agarré cariño una temporada estoy publicando… Todo cuanto surge de mi inspiración está quedando registrado en un Word que tengo en el artifundio y que pienso compartir más adelante exclusivamente en páginas y grupos adecuados, donde se entienda el asunto.
En fin. Sin mucho preámbulo, voy al objetivo de esta quizás la última publicación escrita en este medio (no escupo al cielo porque me conozco y conozco mi pasión por explayarme, pero creo firmemente que así será):
Para empezar, quiero y debo exhortar a los señores profesionales de salud en general y de salud mental en particular, porque es lo que compete, a realizar un poquito de lectura, porque hay demasiada desinformación y si algunos no tuviéramos por lo menos alguito de información acerca de lo que somos resultaría iatrogénico. En primer lugar, el Síndrome de Asperger como tal ya no existe en las últimas ediciones del DSM-5 (recuerdo cuando algunos mis compañeros de psicología se burlaron cuando mencioné de esa edición porque YO SÍ LEO. Bueno, espero que al menos hayan leído porque caso contrario me dan la razón de creer que algunos psicólogos se pasan la psicología, una rama tan álgido y que debe ser respetada por la implicación que tiene en las personas, por la tangente). De hecho, el uso del término es más anecdótico o por sentido de pertenencia, porque a muchos nos agrada autodenominarnos «aspies» porque al menos a mi me suena bonito en situaciones puntuales, porque el resto del tiempo puedo ser desde un ser humano a un zapato dependiendo de la ocasión (animus iocandi porque luego saltan las alarmas  ) pero somos conscientes que va en desuso. Desde siempre hubo demasiado conflicto para diferenciar el Autismo de «Alto Funcionamiento» del Asperger y en muchos casos, como mi caso, muchas características se superponen, así que con muchísima razón se decide considerar un ESPECTRO, es decir una escala con distintos tonos de un color común -para mí, azul, pero póngale el que quiera, no me van a hacer problema por eso-. Ergo, el Espectro Autista es un continuum que va de «mayor a menor severidad» pero con algunas características en común, digamos la Tríada de Wing y otras yerbas. Y coloco mayor a menor severidad entre comillas en el sentido de que esto es bien intrincado, es decir no se puede asumir que en alguien verbal o teóricamente bastante funcional o independiente el Autismo es poco a nada severo y en aquel no verbal o dependiente el Autismo sine qua non es severísimo. No, no se puede tener ese ‘prejuicio’, si se quiere, prejuicio que a mí me ha molestado de muchos profesionales que he visitado (debo decir sí hay profesionales que saben mucho y como debe ser porque incluso se han especializado en el EA -maravillosos. Mi psiquiatra que es de lejos, por desgracia, y mi psicólogo de cabecera son unos de ellos. Este último es particular y no es que tenga mucho dinero, porque mi famosa beca la doy a mi mamá por su ayuda y con el resto pago la pensión de las guambras y lo que piden en el colegio, aparte los taxis que por desgracia debo tomar todos los días y me sale diario 6 dólares o 30 semanal-, pero creo que independientemente de especialidades TODOS deben tener una base sólida). Hay personas en el extremo del Espectro Autista catalogado severidad 1 o «altamente funcionales» como Cooper, como Murphy, como esos personajes de televisión tan alejados de la realidad -maldita sea-, que «no se les ve», «no parecen», «parecen normales», «se están inventando» con crisis HO-RRI-BLES ( de verdad, una crisis es lo más feo que hay. Se les empieza a tener miedo), invalidantes, que deterioran sus relaciones interpersonales, académicas y laborales sea por comorbilidades -farmacorequirientes o no- o por la misma condición -que condiciona y punto, no me vengan con clichés de que ‘no es condición’- y hay personas en el otro extremo, los que la sociedad se niega a veces a reconocer porque al parecer se avergüenza por no cumplir sus edictos, lo que se ha definido como «norma», más que por otras cosas, pero que a pesar de todo viven tranquilos, en relativa paz, con logros a su ritmo, etc. y que, de hecho, por ser un poco más notorio, tienen más condescendencia. Es decir, ese asunto de severidad o no es relativo, dependerá de un montón de factores intra e interpersonales y sociales. Creo el profesional de la salud debe tener presente este aspecto para valorar bien a una persona en el EA y no cometer la imprudencia de prejuzgar y minimizar. Y sobre todo, entender que nadie sabe más de la condición que el propio autista. Ojo con esto.
Segundo punto, el asunto académico y laboral. Bueno, aparte de la individualidad que conduce a tomar malas decisiones en estos y otros ámbitos y que no voy a desconocer porque sería absurdo e irresponsable de mi parte, el EA influye y mucho. No digo que todo es culpa de, pero, reitero, CONDICIONA bastante. A mí me sacan en cara que he estado no en una sino en CUATRO carreras (muchos coleguitas aspies pueden también decirlo, no sé tú Jethzabet YañezSandra Guadalupe López PiñaDavid ZeroxaxlDaniella Albornoz, por mencionar algunos que conozco más o menos su trayectoria y que han dado traspiés en ese sentido… Recalco que parece ser bastante común en el EA -podría hacerse un estudio más profundo del porqué, aunque algo de lo que mencioné tiene que ver-) de las cuales, si revisan mi registro académico, en todas y cada una estuve entre los mejores estudiantes o fui la mejor (y no es algo de lo que me sienta orgullosa, al contrario me da rabia). Odio traer a colación eso, pero estoy bastante harta de mí misma y de todos en ese sentido aunque les doy la razón de la decepción. El punto es que POR DESGRACIA, aunque quieran normalizar (básicamente para eso son muchas terapias, para normalizar, para hacerte encajar a la fuerza, para mutilarte para que entres en el molde en vez de guiar a sacar lo mejor de uno, pero qué se le va a hacer -y está bien, no voy a luchar contra eso, ya me da igual. Mis años de aspie subversiva, ese mal que nos aqueja a muchos por esa rigidez de pensamiento que nos hace defender nuestros ideales con todas las fuerzas, ya terminaron hace mucho tiempo-), los interés ‘restringidos’ (monotemas), la parte de las rutinas -al menos a mí esto si que me ha costado porque yo diariamente hago mi horario sigo al pie de la letra porque así logro hacer las cosas bien- y de igual modo el nivel de inclusión, aceptación y adaptaciones del entorno influyen demasiado en la permanencia de una persona del EA en un colegio, en la universidad o en el trabajo. Es decir, de parte y parte, insisto, de parte y parte, si no hay flexibilidad se pierden grandes talentos que da el EA, pero lamentablemente en muchas ocasiones se exige flexibilidad sólo al autista y poco o nada del entorno ‘porque así siempre ha sido’. Por fortuna, debo reconocerlo pues lo contrario sería injusto de mi parte, en mi Universidad y en mi Facultad se ha hecho la diferencia (benditos sean) y en estos últimos años las cosas han cambiado por gente consciente y por eso se ha podido permanecer más tiempo y a pesar de todo seguir adelante así el resultado no sea el que espere -ya no aspiro a graduarme, quizás no lo haga y están en todo el derecho, pero al menos puedo decir que se está poniendo de parte. Al menos tendré conocimiento para dedicarme a mi sueño que es la Neurociencia de forma autodidacta-, pero aún así todavía son necesarios cambios que obviamente se darán conforme la sociedad vaya EVOLUCIONADO -en ciertas ramas del saber parece hacerlo demasiado lento, lo digo con conocimiento de causa- y no tiene que ver sólo con ‘condiciones especiales’, con todos como seres humanos como para hacer este mundo un lugar mejor y no uno tan agresivo con todos como lo es en la actualidad. Es utópico, pero vale la pena soñar.
Si ha llegado hasta acá, lo que quiero básicamente es invitar a las personas del área de salud y sobre todo de salud mental a darle más espacio al paciente. Es decir a no asumir, a juzgarlo todavía menos, a INFORMARSE pero sobre todo a ESCUCHARLO MÁS. Hay mucha literatura al respecto, que sea de fuente confiable, pero contrástelo con las particularidades de ese ser humano que pone su alma en sus manos. No caigamos -todos los que estamos en el área de la salud- en el error de asumir al paciente como un dato, una estadística o peor ‘lo-que-yo-creo-que-debe-ser’ y nada más.
Y como guinda del pastel, aunque no tenga mucho que ver, en lo personal aparte de científica quiero ser docente y enseñar ciencias biológicas, neurociencias, neurología, etc y quien sabe si escribir libros -e ilustrarlos, qué bonito- como mi admirado Oliver Sacks Foundation. El cerebro es fabuloso, realmente enigmático. Todos piensan en qué haré después y es gracioso que yo ya lo tengo pensado. Como dije enseñar, pero enseñar a amar a las ciencias y no a odiarlas como casi logran hacerlo conmigo.
Eso nomás.
Buen día.
PD: dibujo para llamar la atención y porque yo soy ese león y todo lo que representa. Y porque yo lo dibujé, obvio. 

*El dibujo es de Agnódice de Atenas, una mujer valiente, como muchas otras…

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